Asociación Mexicana para la Práctica, Investigación
y Enseñanza del Psicoanálisis, A.C.

Afiliada como Sociedad Componente a la Asociación Psicoanaltica Internacional (API) y a la Federación Psicoanalítica de América Latina (FEPAL)

De Edipo a Prometeo

Autor: Ma. Isabel Soley Francés

La ideología es un término que no estaba de moda durante la vida de Freud, pertenecía a la filosofía, lo usaba con cierta frecuencia Marx y aún más Lenin. Pareciera que durante años este término estuvo en manos exclusivas del comunismo. No fue sino hasta después de la segunda guerra mundial que empezó a aparecer más y más, hasta que en la década de los sesenta se convirtió en un tema de estudio para diversas disciplinas. Es por esto que el término ideología no lo utiliza Freud. El nos habla de la visión del mundo y asegura que sólo la visión científica del mundo y la realidad son maduras; cualquier otra explicación del mundo sea mágica o religiosa se da por no haber superado el complejo infantil (Freud, 1932).

No es hasta que aparece el freudomarxismo que la ideología es tema de estudio del psicoanálisis: A raíz de la politización que se dio en todo el mundo en la década de los sesentas, las distintas áreas del quehacer intelectual se vieron influidas y afectadas por las consideraciones políticas e ideológicas. El psicoanálisis también fue fecundado por esta inquietud y surgió el freudomarxismo.

Desde mi punto de vista el freudomarxismo tuvo tres grandes pilares o corrientes: En Europa, quien lo representó de manera más completa fue Igor Caruso y su escuela. En Estados Unidos lo encabezó Marcuse. Y en Latinoamérica el complejo grupo de Plataforma en el que estaban psicoanalistas de talla de Bleger y Marie Langer y muchos más. Cada una de éstas tiene su historia propia.

Brevemente: Igor Caruso desde el catolicismo apostólico y romano da un giro de 180 grados en su ideología personal y se interesa por integrar esta nueva visión a su quehacer profesional. Parte de su grupo lo sigue y parte continúa con su intelecto jesuístico, pero no se separan, lo que le da una gran riqueza para ver cómo la ideología tiñe el quehacer científico.

El grupo argentino, provenientes todos de escuela Kleiniana, al sufrir los sacudimientos sociales y políticos del país y del continente entero, no pueden continuar pensando que las reacciones ante la represión gubernamental puedan reducirse en el couch a interpretar al padre interno y al conflicto edípico y claman que la realidad externa social también existe.

Marcuse es producto de la intelectualidad más progresista norteamericana que logró mantener a las universidades como reducto libre del pensamiento aun en el macartismo. Con mucho más influencia de la sociología y perteneciendo a ésta, da una gran riqueza al psicoanálisis.

Las historias de estas tres ramas son distintas, sus aportaciones también, pero conforman una corriente muy importante en su tiempo, el freudomarxismo.

El freudomarxismo se preocupó por estudiar cómo afectan al individuo los movimientos sociales y cómo cada individuo asume o no su responsabilidad social. Entre estos individuos están también los psicoanalistas, por lo que estudiaron cómo la ideología del psicoanalista va a decidir el rumbo del proceso analítico de sus pacientes. Dicen: ya que se trata de hacer consciente lo inconsciente, hagamos consciente nuestra ideología para que no sea una fuerza oscura y ciega de la contratransferencia.

Hace casi veinticinco años parecía incuestionable la necesidad de estudiar lo que hace que una persona se involucre o no en movimientos sociales. Hacer consciente lo inconsciente dice el psicoanálisis. Hacer conciencia social dice el marxismo. Uniendo las dos se da el freudomarxismo. Aumentar la conciencia es en muchas disciplinas y en muchas áreas sinónimo de desarrollo. Es por esto que aquel cambio general de ideología en capas importantes de la sociedad, los jóvenes y los intelectuales, no llevó a estudiar cómo se efectuaba el cambio de ideología, pues se consideró una ampliación de la conciencia, un acercamiento a la verdad científica. Se cuestionaba y estudiaba más bien a los que negaban la realidad de las injusticias sociales y a pesar de ser influidos por la ideología el énfasis estuvo puesto en cómo la ideología tiñe y orienta el quehacer científico sesgando los hallazgos. La verdad es que tener conciencia del mundo, explicárselo, es algo que el hombre siempre ha hecho.

Aunque Freud no le parece que: “el primer avión para la formación de mitos pudiera haberlo proporcionado la necesidad de explicar los fenómenos naturaleza de dar razón de unos preceptos y usos de la cultura (…) sino que busca los mismos complejos psíquicos que ha rastreado en (…) los sueños y las privaciones de síntoma.

“El psicoanálisis (…) [arroja] luz sobre los orígenes de nuestras grandes instituciones culturales: la religión, la eticidad, el derecho, la filosofía (…) El psicoanálisis establece un íntimo vínculo entre todas las operaciones psíquicas del individuo y las comunidades puesto que para ambos postula la misma fuente dinámica (…) aligeran a la criatura de tensiones que le producen necesidades (…) El principio de la evitación de displacer rige el obrar humano hasta el momento en que es revelado por otro principio mejor, el de la adaptación al mundo exterior” (Freud, 1913).

Basándonos en este principio, veinte años después del auge del freudomarxismo parece más importante ¿Cómo forma la persona su ideología y qué hace con ella una vez formada? ¿Qué papel juega la ideología en la identidad?. Ante el fin del socialismo ¿qué le pasa a los marxistas? ¿Qué papel juega la ideología en la adaptación ante un cambio repentino? ¿Con qué elementos puede una persona adaptarse a una realidad que contradice la explicación que tiene el mundo?

Intentando contestar estas preguntas estoy investigando cinco pacientes de 27,28,35,50 y 76 años, con distintos grados de convencimiento de la verdad del marxismo y del socialismo científico y con diversos grados de involucración vital de los movimientos sociales.

Para llevar a cabo esta investigación utilizó como herramienta el psicoanálisis y me parece necesario aclarar que estoy con Freud en su postura de que: “…el psicoanálisis puede pesquisar la motivación subjetiva e individual de doctrinas filosóficas pretendidamente surgidas de un trabajo lógico e imparcial, y hasta indicar a la crítica los puntos débiles del sistema. Ocuparse de esta crítica como tal no es asunto del psicoanálisis, puesto que, como bien se comprende, el determinismo psicológico de una doctrina no excluye su corrección científica” (Freud, 1913)

Debido a lo limitado del espacio en este artículo solamente expondré un caso y los demás quedarán para trabajos posteriores.

Diana tiene actualmente veintisiete años. Entró a análisis hace tres años para ayudarse a elaborar un duelo por la muerte accidental de su padre ocurrida cuatro o cinco meses antes. Es una muchacha bonita e inteligente, con una notable claridad de pensamiento y expresión. Está sorprendida por el dolor que la tiene paralizada y separada de los demás. Desde la muerte de su padre la vida le resulta por primera vez muy difícil, dolorosa y árida.

Con el afán de investigar qué elementos de tradición familiar y de educación intervienen en la formación de ideología, señalaré someramente la genealogía de Diana.

La abuela de su padre fue una psicoanalista europea de primera línea. La abuela paterna de Diana fue universitaria norteamericana y el abuelo paterno director de teatro mexicano. De este matrimonio, nacen tres hijos, dos mujeres y el padre de Diana, que ocupa el lugar de en medio. Por la otra rama, el abuelo materno de Diana es un catedrático universitario que llegó a México con el exilio republicano, autor de varios libros. La abuela materna tiene un doctorado. De este matrimonio nace la madre de Diana y cuatro años después otro hijo que siempre estuvo enfermo y murió en la adolescencia. Sus abuelos se divorcian y la abuela vuelve a contraer nupcias con otro investigador universitario de otra disciplina y de este matrimonio nacen dos hijos. Los padres de Diana ingresan a las juventudes comunistas desde jóvenes, se conocen y se casan, teniendo él veintidós años y ella dieciocho.

Pasan varios años estudiando y trabajando, haciendo una vida muy agradable, llena de actividades, de amigos y de libertad, y participando en el Partido Comunista. Cuando su madre acaba la carrera y cuando su padre ya trabaja en la universidad, deciden tener hijos y nace Diana. Inmediatamente después su madre queda nuevamente embarazada y el siguiente parto se le adelanta, por lo que Diana le lleva a su hermana sólo ocho meses y medio. La madre deja de trabajar y estudiar desde el nacimiento de Diana hasta que las dos niñas ingresan a la escuela. A partir del nacimiento de la segunda hija, la crianza de ellas es muy parecida a la crianza de gemelos; aunque no presentan dificultades de diferenciación y de separación notorias.

Entre los valores morales inherentes al marxismo, la solidaridad entre camaradas, la sobrevaloración del desposeído y el respeto a sus derechos, así como la entrega personal a la causa tienen tal vez el lugar más importante.

Estos eran los valores que regían la vida de sus padres a lo largo de la educación.

Es natural suponer que se volverán sus propios valores pues como bien señala Freud “Los sentimientos sociales descansan en identificaciones con otros sobre fundamentos de un idéntico ideal del yo (…). Por cierto que (…) hay [en el ser humano] una esencia superior, y es la entidad más alta, el ideal del yo o superyó, la agencia representante (representanz), de nuestro vínculo parental. Cuando niños pequeños, esas entidades superiores no eran notorias y familiares, las admirábamos y temíamos, más tarde, las acogimos en el interior de nosotros mismos” (Freud, 1923).

Añadamos a esto que Diana nace con una predisposición biológica afortunada: yo fuerte, capacidad de satisfacerse, buena tolerancia a la frustración de la espera y poca disposición de envidia. Cuando empieza su crianza gemelar tiene ya adquiridos los dos primeros organizadores de los que habla Spitz y está lo suficientemente alimentada como para tolerar el compartir, a la vez que la presencia de la hermana opera como una compañía que finalmente se integra como objeto simbiótico del que se va separando a partir de los cuatro años al ingresar en la escuela en la que también trabaja la madre.

Vemos la superposición de estos tres factores: la disposición biológica, la historia personal que determina los factores genéticos y dinámicos de su psicodinamia, y los valores morales de su familia. Los tres llevan a la misma dirección y potencian la represión exitosa de la rivalidad. También determinan una represión de la agresividad, aunque esta represión no sea tan exitosa y deje libre mucha para desplazamientos que pudo sacar en el deporte, en la energía con que encaró su carrera académica y en la actividad política a la que se incorporó desde bastante chica. La represión completa de la rivalidad conlleva una dificultad para afirmar deseos, sus necesidades y sus emociones.

Diana tiene adecuado control de los impulsos, a todos sus logros y afirmaciones, llega pasando por el filtro del deber y la razón.

Cuando Diana tiene siete años nace un hermano varón. Durante la primaria es una niña alegre, amiguera, inteligente, estudiosa y activa. La madre no logra mantenerla en cama cuando pasa por enfermedades de la infancia. El peor castigo que pueden darle es no dejarla ir a la escuela. Es este un rasgo de la infancia, el más antiguo, que rastreamos de lo que llamamos Diana y yo en su terapia “el atentar contra el límite”. Este rasgo es una herencia familiar. Ser comunista en la oposición es por definición atentar contra los límites que impone la estructura sociopolítica. Es vivir luchando por un ideal bordeando el peligro (persecuciones, cárcel, secuestros, etc.); es pararse en los límites de la estructura jurídica actual y empujar un poco para conseguir una mayor justicia; es utilizar el límite de la libertad actual, y buscar mayor libertad.

Además de que sus padres vivían así y esto le enseñaron y ella ingresó desde chica a las juventudes comunistas, hay otro factor que superpuesto potencia este rasgo y es el deporte. Cualquier deporte implica vencer los propios límites: llegas a tu límite y empujas un poco más, te vences a ti mismo y logras la superación. Pero además los dos deportes ejecutados tanto por el padre como ella misma atentan contra los límites de los elementos, contra la ley de gravedad y la naturaleza. Todo el progreso del hombre, todas las conquistas de la humanidad se han conseguido atentando contra el límite, pero a nivel individual, ¿qué ocurre al tomar esa posición? La tradición familiar la lleva a tomar esta postura; como contrapeso está la incuestionable tradición académica a la que se suma entusiastamente Diana. Lo académico implica disciplina, perseverancia, dedicación, tolerancia a la frustración, o sea, un desarrollo y fortalecimiento yoico.

Como elemento amoroso en su vida, además de la relación familiar está un gusto y dedicación por la naturaleza. En cuanto al manejo de la agresión, si quitamos la que utiliza en la lucha por alcanzar logros tanto académicos como deportivos, toda la agresión está dirigida al enemigo político y manejada por medio de una militancia siempre civil y ordenada. Debido a la exitosa represión de la rivalidad, es la única de su familia que no tiene casi nunca conflictos con lo demás. Aun cuando hay conflictos entre otros miembros de su familia ella logra no caer en alianzas y se mantiene equidistante de los dos. Esto la vuelve incapaz de luchar por ella misma y la hace perder contacto con sus necesidades y emociones. Asimismo, impide que cierto grado de agresividad tiña sus relaciones afectivas y de esta manera pueda la agresión ir madurando en el embate emocional; sólo sale al exterior pasando por el filtro de su razón dirigida por su ideología.

En su desarrollo libidinal podemos ver cómo las fases oral, anal y fálica han sido vividas y satisfechas íntegramente a su personalidad. El complejo edípico está matizado por el hecho de que su padre por largos periodos de la vida fue distante afectivamente. La relación con la madre fue más fácil, cercana y segura. Ella se identifica con la madre en su lealtad y confiabilidad y pone distancia con ella por medio de sus múltiples ocupaciones.

Con el padre intenta acortar la distancia una y otra vez y al fracasar se une a él en su amor por la naturaleza, en su vocación académica y deportiva aun en su ausencia.

A este propósito la siguiente cita de Freud:

“El ideal del yo es, por lo tanto, la herencia del complejo de Edipo y, así, expresión de las más potentes mociones y los más importantes destinos libidinales del ello. Mediante su institución, el yo se apodera del complejo de Edipo y simultáneamente se somete, él mismo, al ello” (Freud, 1923).

“Religión, moral y sentir social –esos contenidos principales de lo elevado en el ser humano- han sido, en el origen, uno solo. Según las hipótesis de Totem y Tabú, se adquirieron, filogenéticamente, en el complejo paterno: religión y limitación ética, por el dominio sobre el complejo de Edipo genuino; los sentimientos sociales, por la construcción a vencer la rivalidad remanente entre los miembros de la joven generación (…). Los sentimientos sociales nacen todavía hay en el individuo como una superestructura que se eleva sobre las mociones de rivalidad y celos a los hermanos y hermanas. Puesto que la hostilidad no puede satisfacerse, se establece una identificación con quienes fueron inicialmente rivales” (Freud, 1923).

En cuanto al desarrollo de su agresividad podemos observar cómo la postura esquizo-paranoide se facilita con esta ideología aun cuando gran parte de la agresión manejada por ella a través de su ideología es por medio de la sublimación y la formación reactiva ya que como dijimos su militancia política siempre fue civil y ordenada. Corresponde a este aspecto la siguiente cita de Freud.

“El psicoanálisis (…) puede (…) enseñar cuán valiosas contribuciones a la formación del carácter prestan estas pulsiones asociales y perversas del niño cuando son sometidas a la represión, sino apartadas de sus metas originarias y dirigidas a unas más valiosas, en virtud del proceso de la llamada sublimación. Nuestras mejores virtudes se han desarrollado como unas formaciones reactivas y sublimaciones sobre el terreno de las peores disposiciones [constitucionales]” (Freud, 1913).

Pero definitivamente sí sucede que la represión de la rivalidad empuja a un mecanismo maniaco que la separa de sus emociones y necesidades, volviendo peligroso el atentar en contra del límite, pues carece de un profundo anclaje en el conocimiento de sus propios límites. Esta sensación de riesgo empaña el dolor por la muerte del padre pues éste muere en un accidente deportivo.

Con lentitud y cuidado, Diana va investigando la muerte de su padre. En el análisis va repasando toda su relación con él, y también quién era él, qué clase de ser humano, sus características, sus limitaciones y al sospechar la posibilidad de un suicidio decide investigar también el exterior. Toma un curso del deporte hacia su padre y pese al miedo y con sumo cuidado aprende todos los pasos que se toman, todas las medidas de seguridad todos los riesgos medidos. Una vez aprendido esto se atreve finalmente a revisar el equipo que llevaba puesto que su padre cuando ocurrió el accidente y comprobó que no fue tal, sino que sino que fue un total descuido. Haya sido deliberado o inconsciente, su padre se suicidó. Además de cambiar su vida entera, la deja perpleja frente a sí misma.

Los meses que siguieron a este descubrimiento parecían una lucha constante contra el fantasma, revisamos una a una las múltiples identificaciones con el padre siguiendo el rastro del “atentar contra el límite”. Paralelamente analizamos su relación con los hombres en la que había el énfasis en la lealtad y poca erotización. Finalmente conoce a un hombre que le gusta muchísimo y del que se enamora y aparece toda la represión de la rivalidad con su incapacidad de luchar por él; afortunadamente el análisis de este aspecto iba adelantado y logra levantar la represión, consiguiendo establecer así una relación satisfactoria. Empiezan a vivir juntos y a los pocos meses contrae él una enfermedad pulmonar delicada. Ella tiene que atenderlo noche y día, y está llevando una casa por primera vez, no tiene quien le ayude, y está cursando una maestría muy pesada. Opera con los mecanismos maniacos de antes y a pesar de verlo repetidamente en el análisis, no deja ninguno de sus compromisos hasta que la misma enfermedad de él la postra en la cama. La contrajeron al mismo tiempo, pero su naturaleza hasta ese momento más fuerte la sostuvo, pero debido al descuido continuo que se sometió, finalmente se manifiesta. Después de dos meses regresa a terapia unas cuantas sesiones; la convalecencia de la enfermedad es muy larga y revisamos cómo al no tener contacto con sus límites, permaneció con sus mecanismos maniacos llevándola al riesgo excesivo. Deja el análisis sin avisar, según yo, (como no tenía teléfono no pude comunicarme con ella) y meses más tarde me llama y retorna a la terapia.

Resulta que recayó y quedó sola dos días en su casa en cama. A ella no le gusta ver tele y no se entera que en la mañana temprano del segundo día una pipa de cloro volcó y se derramó a pocas cuadras de su casa, afortunadamente su madre escucha regularmente a las 8 de la noche las noticias, y fue por ella de inmediato. Sin embargo la gravedad a la que llega la mantiene entre la vida y la muerte siete días. Después de meses enferma retoma la terapia una vez a la semana pues eso es lo que permite su estado actual. Finalmente toca fondo hace contacto con su cuerpo, elabora múltiples identificaciones con el padre y entra en una posición depresiva elaborando la culpa por todos los descuidos de su vida. Meses después se casa con su compañero y se va a vivir a Toluca.

Está cuidándose con paciencia a pesar de llevar un año de convalescencia, y continúa con la terapia.

La enfermedad tiene un agente externo y sobre ella ocurre una intoxicación grave, aun así es válido hacer una interpretación psicológica porque desde niña presenta el rasgo de no hacer caso al dolor, el cansancio y el agotamiento y porque al negar estos aspectos se le bajaron las defensas y facilitó que el cuerpo permitiera el desarrollo de agentes externos.

Nos preguntamos una y otra vez, por qué la enfermedad justo cuando ya había elaborado el duelo por la muerte del padre, cuando empieza el amor con tanta felicidad, cuando la relación familiar se ha vuelto más genuina y emotiva. Cuando lo intelectual cede el paso a lo amoroso.

En la literatura psicosomática se asocia a las afecciones pulmonares a una falta de esperanza amorosa, a carecer de inspiración en el bien.

Esto no concuerda con el momento en que se enfermó, concuerda con el momento en que su padre muere cuando al verse como él como en un espejo siente dentro de sí la agresión suelta.

La agresión estaba ligada a la meta de instaurar un gobierno que ella creía o cree más justo, más libre y mejor. Al desaparecer esta meta y volverse imposible e inútil la militancia ¿qué pasa con la agresión?

El ideal humano de atentar contra el límite para conquistar nuevas fronteras, la parte de esta ideología que forma parte de este ideal del yo y del superyó (hay otra parte yoica) adquirida en la resolución de su complejo edípico; al morir el padre en esta forma particular, esta parte adquiere tonos siniestros y amenazantes que no elabora totalmente en el análisis y que maneja parcialmente maniacamente.

A pesar de todo esto, ese tiempo lo transcurrió con sumo cuidado y autoconciencia. Es cierto que el inconsciente no existe el tiempo, pero parecía bastante aireado el conflicto, la elaboración fue la suficiente como para tener un desarrollo interno que la llevó de ser una muchacha a volverse mujer.
¿Con el inicio de la relación amorosa genital se resuelve el Edipo femenino? o ¿se reactiva por aquello de que nunca termina? ¿Cuánto tiempo tarda en incubar psicológicamente una enfermedad?, o sea ¿Cuánto tiempo toma a la agresión libre enfermar al cuerpo?

Las preguntas iniciales nos llevan a nuevas y diversas preguntas.

Entre la primera enfermedad y la terrible recaída, en una de las sesiones a las que asistió venía atónita por el triunfo de la Sra. Chamorro en Nicaragua.

Diana vivió bastantes meses en Nicaragua ayudando a construir socialismo, su hermana vivió tres años allá, su sobrina nació en Nicaragua.

Si hubo relación personal con el socialismo real de Nicaragua. Estaba muy triste pero sobre todo no lo podía creer.

Entendía que era correcto haber llamado a elecciones pero no podía creer que hubieran perdido. No recuerdo si esa fue la última sesión a la que vino antes de recaer o si vino a una o dos más.

Este es un dato suelto y sin revisar todavía.

Lo poco que he dicho con respecto al fin del socialismo es que le duele y la pon e triste pero no quiere pensar en ello, ella quiere ahora dedicar toda su energía al matrimonio, al amor que hay entre ellos, a construir una vida personal, a hacer una familia.

Bibliografía
Freud, S. (1913) El interés por el psicoanálisis. Obras Completas, 13. Buenos Aires: Amorrortu Editores (1991).
– (1923) El yo y el ello. O.C., 19.
– (1932) Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis. O.C., 22.

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